Despedida
Y por fin llegó el día de su partida...
Esta es la historia de una ilusión,
un sueño, un sentimiento tan intenso que incluso la distancia no pudo borrar.
Un afecto, cariño, amor, como quieran llamarle, tan grande que cuando acabó se
sintió como mil agujas clavadas en el pecho. Pudo ser muy corto y probablemente
la mayoría de las personas no lo comprendan, pero probablemente fue mi primer
amor real.
Todo empezó hace unos meses, dos
desconocidos en una fiesta… típica historia que solo dura unos minutos o unas
horas, sin embargo, este no fue el caso. Esas personas siguieron en contacto;
ella tan negativa como siempre, pensó que no pasaría nada, aunque dejaba todo
en manos de la vida sin importar donde la llevara porque cree que realmente
todo sucede por una razón; las casualidades no existen. Primera salida,
entonces no sabía si se le podría llamar cita, un paseo hermoso donde sus
cuerpos parecían perder el control cada vez que tenían la oportunidad. Al
principio muy confundida, creía que era solo atracción física y nada más, pero él
y sus encantos hicieron que quisiera que fuera más que eso, sin títulos ni
nombres, solo dos personas sintiendo al máximo el uno por el otro sin importar
sus limitaciones… Los daños y las lagrimas aun no parecen importantes a la par
de todos los bellos recuerdos que crearon juntos, sus diferencias culturales,
de personalidad y todas las que no entren en esas categorías, así como
compartir música tan distinta, era como un universo nuevo; realmente él era
diferente a todo lo que había conocido hasta ahora y eso lo hacía más cautivador.
Con el tiempo se hizo adicta a sus
labios, sus caricias y por su puesto sus abrazos. A penas lo conocía y lo
quería ver todos los días, como si tuviera tiempo para eso porque hay que
admitir que esa mujer así de intensa como era con sus sentimientos lo era con
su vida en general. En los momentos más intimos se sentía una conexión como
nunca la había vivido, las conversaciones antes y después valían oro, así como
dormir entre sus brazos. Que alegría y que paz sentía al arrecostarse en su
pecho, las horas parecían pocos minutos estando a su lado.
La contagió de su amor por la
aventura y hay que admitir que hizo que le gustaran las aves y que amara su
país aun más de lo que ya lo hacía, la incitó a arriesgarse aunque no lo
supiera y más importante le enseño otra perspectiva de lo que era tener una
pareja. Y cómo le gustaba escucharlo tocar el piano con esa intensidad, no
sabía de donde salía tanta pasión, hubiera amado hacer más duetos a su lado o
simplemente escucharlo tocar un poco más de tiempo o en un piano de verdad. Así
fue, la enamoró con esa forma de ser tan vivaz, con esa sonrisa y esa energía
contagiosa. Y por esa razón le mostró todo, fue transparente hacía el con sus
sentimientos; sencillamente sacaba lo mejor y lo peor de ella esperando que si
debía funcionar la aceptara con todos sus defectos, se entregó a el sin miedo a
lo que sucediera aunque sabía bien a lo que se iba a tener que enfrentar, no
solamente a su partida si no a su realismo.
Nadie puede imaginarse siquiera
cuanto lo quería…
Y aquella despedida, tan perfecta
como una primera cita. De ser solo su elección ese momento no hubiera
significado un “hasta nunca” sino un simple “hasta luego” ya que, aunque se
repitiera mil veces: “no importa, tengo claro que se irá”, era mentira más
grande que había dicho. Seguro no tiene idea de cuanto sentía y siente por él,
cuán significativa fue su presencia en su vida, pero ciertamente ella teme
decírselo porque no quiere alejarle de nuevo como con errores anteriores aunque
por otro lado ese temor no debería existir porque hablar de sus sentimientos y
su dolor con claridad no le hace a nadie.
No me quiero guardar lo que siento
porque sé que con el tiempo esto se irá desvaneciendo conforme aumente nuestra
distancia. Esa soy yo llorando un poquito todos días, amándolo como el día que
se decidió no volvernos a ver. Solo quiero abrirme una última vez y que sepa
cuanto lo amé, porque a esto ya no le puedo llamar querer, ya me arrepiento de
no haber hecho algunas cosas mientras estábamos juntos y no quiero que pase lo
mismo con esto. Creo saber cómo se sintió el en esta pequeña parte de su aventura,
pero no estoy en sus zapatos como para poder asegurarlo. Solo espero que no lo
tome a mal porque no quiero perder su amistad y si sucede “al buen entendedor
pocas palabras”.
Dicen que saber dejar ir a alguien
también es una forma de amar y eso es lo que intento; siempre lo tendré en mis
recuerdos toda mi vida, probablemente en unos años vuelva a llorar recordando. Ahora
solo me queda dejar de “esperar” y ver mis recuerdos con el mismo amor con el
que los viví porque siempre serán de mis anécdotas favoritas. Estoy segura de
que no importa el tiempo que pase o que tan lejos estemos, siempre tendrá un lugar
en mi corazón y si algún día nos visitamos o nos volvemos a ver siempre lo
recibiré de la mejor manera.
Esto más que una historia, es una
despedida. Una despedida a mis sueños a su lado, a ese sentimiento que alegró
mis días pese a amargarlos un par de veces, a esas ideas de que daría todo por
él, aunque no fuera mutuo. Es momento de contagiarme de su realismo que lo hizo
separarse de mi a tiempo, porque ser así de sentimental tiene sus ventajas y
desventajas. Y desearle lo mejor de esta vida desde el fondo de mi ser,
felicidad, viajes y muchísimas aventuras.
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